El color blanco en los espacios liminales no es una ausencia, sino una presencia aséptica que suspende el tiempo.
Al eliminar contrastes y texturas, las paredes blancas proyectan una luz plana que desorienta los sentidos, haciéndonos flotar en un lienzo vacío de una pureza que inquieta por su perfección inmaculada en la que el mundo parece que estuviera esperando a ser renderizado.
Fotografías realizadas en gran formato blanco y negro.